San Lorenzo de El Escorial - Julio de 2006. Royal Ballet.
La trágica, aunque sublime, historia de los jóvenes amantes veroneses que un joven William
Shakespeare nos legó, ha inspirado, desde entonces, a numerosos artistas, músicos y coreógrafos. El primer ballet, del que se conservan documentos, fue
coreografiado por Eusebio Luzzi con música de Marescalchi y estrenado en Venecia en 1785. Aunque Tchaikovsky precedió a Prokofiev en la
composición de una fantasía orquestal basada en Romeo y Julieta, fue Prokofiev quien plasmó la partitura sinfónica para ballet hoy más reconocida.
Fue el Kirov quien le encargó, en 1936, una composición para ballet. Inmediatamente se pone manos a la obra y asume los criterios respecto al ballet
sinfónico legados por Delibes, Tchaikovsky, Ravel y Stravinsky, si bien incide mucho en los aspecto descriptivos del argumento. La composición, lejos de
ser inocua, se convierte en verdadero sostén de la trama y vértice del acoplamiento coreográfico. No es por casualidad, que las versiones coreográficas
más valoradas de esta tragedia, se han basado en la partitura de Prokofiev.
Antes, Diaghilev, convencido de que el inigualable drama shakesperiano era cosa
de británicos, encomendó a Constant Lambert la partitura para su Romeo y
Julieta, y, al también británico Christopher Wood los diseños. Sin embargo,
durante un viaje a Paris, encargó la realización de nuevos diseños para el
futuro ballet a los, entonces surrealistas, Joan Miró y Max Ernst. Lambert quedó
horrorizado con la sola idea de ver su música envuelta en aquellos trazos y
trató de retirarla. Al final, tras muchos desencuentros, fue coreografiada por
Bronislava Nijinska y estrenada en Montecarlo por los magníficos bailarines
Tamara Karsavina y Serge Lifar.
Hoy diríamos que este ballet fue un tanto posmoderno, con un escenario
minimalista y abstracto, ropa de moda (de la moda de aquel tiempo claro) con un
Romeo aviador (entonces, los aviadores eran considerados intrépidos Odiseos)
dispuesto a todo. Con la pareja escapando en aeroplano y las pancartas de los
seguidores de André Bretón protestando contra los vendidos a la empresa
capitalista, el estreno en Paris terminó con la intervención de la policía y el
subsiguiente escándalo que tanto complacó a a Diaghiliev.
Anthony Tudor realizó una sugerente versión en un ballet de un acto, sobre
música del, también británico, Frederick Delius y arreglos de Antal Dorati,
inspirados, ambos, en la pieza sinfónica homónima de Tchaikovsky. El ballet se
estrenó, no sin polémica, en el Metropolitan Opera House de Nueva York en 1943
con Alicia Markova y Tudor como sus interpretes principales.
Con música de Berlioz, previamente utilizada por George Skibine en 1955 y Erich
Walter en 1959, Maurice Béjart presentó su Romeo y Julieta en 1966 sobre el
escenario del Cirque Royal de Bruselas. En el prologo, Béjart y los bailarines
entran al escenario vacío como si de un ensayo se tratara. Una bronca estalla
entre los bailarines que es frenada por el maestro de baile (el propio Béjart)
quien cuenta a sus pupilos la historia de Romeo y Julieta. Los dos primeros
actos transcurren con cierto estilo Isabelino para cambiar radicalmente y
terminar la obra con el eslogan de moda de la época: "haz el amor y no la guerra".
Como Nijinska y Béjart, Birgit Culberg propuso una versión contemporánea y no poco
condensada, con ropa de calle. La obra termina felizmente y con el ánimo
dispuesto hacia un mundo mejor.
No podemos olvidar West Side Story cuyo éxito internacional fue memorable. La
colaboración de Robert Wise con el coreógrafo Jerome Robbins dio al film una vistosidad y
frescura indudable. La música de Leonard Bernstein
tiene el extraordinario eclecticismo capaz de adaptarse a la ambientación del
Nueva York de los cincuenta. Al igual que muchas de las adaptaciones
excesivamente fijadas al momento, la danza de West Side Story ha envejecido
mal.
Versiones más recientes, basadas en la música de Prokofiev, han sido realizadas
por John Neumeier, Oscar Ariaz y Nacho Duato. Creada para el ballet de Frankfurt
en 1971, la versión de Neumeier de Romeo y Julieta ha sido revisada varias veces
para profundizar en el lado psicológico del drama, donde la virginal e inocente
Julieta se va convirtiendo en una mujer segura de su amor y de sus convicciones.
A diferencia de Neumeier, Ariaz estrenó, en Buenos Aires, su versión coreográfica
en 1970, donde trata de reflejar las múltiples posibilidades que ofrece la trama
dramótica, contrastando tiempos y caracteres en tres bailarinas diferentes en el
papel de Julieta. Desde 1977 la versión de Ariaz forma parte del repertorio,
junto con la de Cranko, del Joffrey Ballet además del Colón bonaerense.
En Sevilla estrenó su versión de Romeo y Julieta, en 1998, Nacho Duato con su
Compañía Nacional de Danza. Se trata de una propuesta un tanto ecléctica,
aderezada con el grácil lenguaje coreográfico Kyliano
y no poca semejanza con la descriptiva puesta en escena de la versión de Cranko.
El estreno oficial y casi clandestino del Romeo y Julieta con la música de
Prokofiev y coreografía de Psota tuvo lugar en la ciudad Checoslovaca de
Breno en 1938. Ello se debió a las innumerables controversias y vetos de la
nomenclatura soviet del Kirov hacia la partitura, hasta el punto de ser
obligado a modificar algunos compases del final. El éxito relativo del
estreno en Checoslovaquia hizo reconsiderar impedimentos, siendo Leonid
Lavrovsky quién realizó la coreografía para El antiguo Ballet Imperial de
San Petersburgo en enero de 1940, con Ulanova en el papel de Julieta y las
protestas de varios bailarines acerca de las dificultades para bailar esta
música. Aunque no menos controvertida, la posterior coreografía de
Yuri Grigorovich para El Bolshoi es hoy más conocida que la de Lavrovsky
En 1958, en el Teatro Verde de Venecia, John Cranko estrenó su versión con una
joven Carla Fracci como Julieta y Mario Pistón en Romeo. En 1959 se presentó en
La Scala. La extraordinaria versión revisada que hoy se interpreta en medio
mundo, fue estrenada por Marcia Hayd�e y Ray Barra en Stuttgart en 1962. Cranko
demostró con su versión coreográfica que se podía contar un drama humano
mediante la danza, sin apenas utilizar m�mica. Danza y expresión eran
suficientes y, el Romeo y Julieta de Cranko, se consagró como arquetipo del
ballet de argumento moderno.
A pesar del éxito de la versión de Cranko, El Royal Ballet, junto con la
Canadian Broadcasting Corporation Commission in 1963 invitaron a Keneth MacMillan a crear una nueva coreografía para su repertorio.
La conocida destreza coreogrífica de MacMillan respecto a la intensidad de sus
pasos a dos quedó demostrada una vez más. Para el montaje coreográfico, contó
con la colaboración de dos extraordinarios jóvenes actores-bailarines, Lynn
Seymour y Christopher Gable, sin embargo, la dirección del Royal impuso su
criterio comercial, estrenándose en septiembre de 1965 por Margot Fonteyn y
Rudolf Nureyev. Además contó con la colaboración de Nicholas Georgiadis en el diseño.
Un dicho británico afirma: "solo sobreviven los ballets que se asientan sobre
dos pies". Sin duda, el Romeo y Julieta de MacMillan - Prokofiev tiene sólidos
fundamentos. La música ayuda a establecer el carácter de los personajes, en
Teobaldo es agresiva, con Mercucho alegre, suave y expresiva en las escenas de
amor, increíblemente individualizada para el carácter de cada contendiente en
las reyertas. MacMillan fue capaz de verlo y de plasmarlo en pasos de gran
belleza, incluso viendo la escasa participación prevista para Romeo, la amplió
para mejorar el carácter del personaje. Y es así como logra mantener la tensión
del drama y lograr la gran danza.
Coreografía: Kenneth MacMillan
Diseño:Nicholas Georgiadis
Luces: John B. Read