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 ASOCIACIÓN CULTURAL AMIGOS DE LA DANZA TERPSÍCORE

Para el estudio y la divulgación del Arte de danzar


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CON EL INDEBIDO RESPETO

Asociación Cultural Amigos de la Danza Terpsícore

Para el estudio y la divulgación del Arte de danzar.

LECTURAS RECOMENDADAS

ENLACE AL ESTATUTO DEL BAILARÍN

ENLACE AL LIBRO

ENLACE A SUELOS DE DANZA


¿PARA QUÉ CAMBIAR ALGO SI TODO VA FENOMENAL?

P. R. Barreno 07/07/2013.

Desde hace unas semanas el gobierno de la nación española está virando su discurso. Ahora toca relajar los objetivos de déficit, bajar el diapasón reformista trompeteando luces al final del túnel, esperando que las cifras macro y las coyunturales del paro, cuyo aliño apenas esconde una tasa de actividad inferior al 60%, junto con los chutes en prestado de Draghi, les permitan seguir trampeando y trampeándonos para, entre tanto, vengan días y caigan ollas electorales.

Para rematarnos la faena, los que toman el nombre de Keynes en vano siguen mareando la perdiz de un modelo maravilloso que solo ellos y los puros de sangre pueden percibir. Quizá sea esa privilegiada percepción de triste memoria, lo que les permite sostener que las luces del túnel son luciérnagas y que lo que las administraciones tienen que hacer es gastar más y luego quien sea, you and me, proveerá.

Entre pitos, disgustos y el millar largo de eternos sumarios por corrupción, se trajinan sin prisas y con sigilo, los proyectos legislativos que proclaman el aumento de la transparencia, la mejora de la justicia o la educación con los acostumbrados tejemanejes del “Tinglado de la Antigua Farsa”.

Aunque el oficio de farsante todos estados abarca, es evidente que la vida buscona ha cambiado mucho desde los tiempos de los cómicos de la legua. Hoy abundan en Celtiberia los espurios farsantes cortadores de cintas, a quienes les gusta fotografiarse con los comediantes, juglares y bailarines auténticos, por aquello de las ventajas de la empatía simulada. Parecer un estupendo preocupado por el arte y sus artífices parece un buen anzuelo publicitario y un placebo eficaz a la hora de aplicar la austeridad creativa, eso que antes se conocía como la ley del embudo.

En honor a la verdad, el actual Secretario de Estado de Cultura Sr. Lassalle, no es muy aficionado a protagonizar eventos ni vedetismos mediáticos. Por el contrario y como excepción de la regla, Lassalle prefiere el perfil bajo de intelectual liberal tecnocrático, en contraposición a su jefe el Ministro Wert. Así, sus intervenciones se circunscriben en las esporádicas y obligatorias en la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados y en coloquios, cursos y conferencias donde se suele mostrar menos comedido que en el Congreso.

Me parece bien que los gobernantes se expresen con libertad, pero parece un tanto impúdico que lo hagan como si no tuvieran responsabilidades de gobierno. Es lo que ha hecho esta semana el Sr. Lassalle en el curso "Museos y Mecenazgo, hoy", organizado por la Universidad Complutense. El problema es que esa ¿autocrítica? tiene freno y marcha atrás. Por un lado Lassalle reclama una nueva Ley de Mecenazgo con urgencia y luego matiza con aquello que la crisis condiciona mucho, que la cultura española es demasiado dependiente de las Comunidades autónomas y los Ayuntamientos, y demás argumentos disolventes hasta que, en un acto reflejo evasivo, el Secretario de Cultura del Gobierno de la Nación indujo a los escuchantes hacia «una reflexión crítica sobre las relaciones que han mantenido históricamente la cultura y el poder, unas relaciones constantes e intensas».

Me figuro que cuando el Sr. Lassalle nos incita a la crítica histórica es porque él lo ha hecho con anterioridad, que se ha empapado sobre el curso histórico de esas relaciones desde el renacimiento hasta nuestros días, incluyendo el paternalismo del antiguo régimen, las revoluciones europeas más o menos liberales, el romanticismo, el nacionalismo, la utópica República de las Letras, la destrucción del “Système des Beaux Arts”, la crítica a la industria cultural de la Escuela de Frankfurt, el intervencionismo del poder político mediante el agobiante dirigismo del “État culturel”, el modelo noreuropeo basado en las industrias creativas, el modelo alemán, en fin, el modelo Keynesiano basado en el principio del “arm's-length”.

Leí “Liberales, compromiso cívico con la virtud” cuando su autor, el Sr. Lassalle, no era todavía Secretario de Estado de Cultura. Escrito con cierto hermetismo, el ensayo reivindica el pensamiento de tradición liberal republicana iniciada por los whig británicos que luego conformaron John Locke, Adam Smith y Edmund Burke. Sin embargo, tras una densa trascripción histórica del desarrollo del liberalismo británico de los siglos XVII y XVIII, Lassalle pega un considerable salto para criticar la corriente actual tachada como neoliberalismo por economicista y menospreciadora de la virtud cívica de raíz cristiana. Para ello, Lassalle ignora el posterior desarrollo práctico inspirado en ese liberalismo en las naciones donde prosperó, para aplaudir las tesis de John Rawls y el “nuevo pacto social” de un republicanismo que justifica la intervención del estado como redistribuidor y guardián de la virtud cívica de la nación.

Cada vez que leo o escucho que la libertad individual debe subordinarse a los fines sociales me estremezco, sobre todo por haberlo escuchado con mil perversos retruécanos y, sobre todo, haberlo sufrido. Por supuesto, ningún gobernante quiere pasar por insensible a las penalidades que sufren los ciudadanos, pues sabemos que todos tienen «gran conciencia social». Por lo tanto, entiendo que el «compromiso cívico con la virtud» que asume el Sr. Lassalle, no contiene exageraciones robesperianas sino que se inspira en el modelo neorepublicano de Philip Pettit y John Rawls, basado en la santa interferencia, por supuesto no arbitraria, del poder del estado que, por nuestro bien, tiene facultades superiores, más por constituir un ente virtuoso que por estar contrapesado por otros poderes.

Con estas premisas y sabedor de la predica de Lassalle en el núcleo que dirige el Consejo de Ministros del gobierno, es posible entender sus decisiones pero mucho mejor su inmovilismo. Si lo importante es que la virtuosa república nos guie por el recto camino es evidente que para el Secretario de Estado de Cultura “État culturel” es más virtuoso que el “arm's-length” de países tan sospechosos como Reino Unido o Dinamarca.

El problema, por tanto, no es que el gobierno no tenga una estrategia sobre la cultura y el arte, la tiene y no es muy diferente de la del gobierno anterior, pero como para llevarla adelante necesita unos recursos de los que carece, se encuentra paralizado. Para disimular y evitar el surgimiento de alternativas más eficaces y menos onerosas, Lassalle sigue en la oposición: «El modelo del gobierno anterior era inflacionado por inversiones planteadas -y lo digo así- a golpes electorales, sin contenidos sostenibles en el futuro, opaco en su financiación pública, deudor de clientelismos basados en subvenciones nominativas otorgadas sin ningún tipo de control ni transparencia, desasistido de redes de circulación, debido a la compartimentación competencial, y gravado por costes de gestión inflados por tutelas inaceptables de patrocinio político». Tiene razón y por ello no lo toca ni en una coma.

La prueba es el llamado “Plan Estratégico General 2012-2015” ENLACE AL PLAN. Como pueden comprobar, se trata de un compendio de buenas intenciones y proclamas voluntaristas con muchas “estrategias” e incontables proyectos que al carecer de compromisos de calendario ni presupuesto, se queda en agua de borrajas. Incluso las propuestas que desde mi punto de vista merecen el calificativo de estratégicas como son la 4.1:«Fomentar la participación de la sociedad civil en la creación y programación cultural» y la .4.4: «Establecer un plan de captación de recursos que promocionen el apoyo económico de la sociedad civil a las artes escénicas y musicales en términos de prestigio, desgravación fiscal y cultura del mecenazgo» siguen en el limbo del dolce far niente del Secretario.

Mientras tanto, hasta las joyas de la corona o de la república coronada se desmoronan. El Liceu creado el 1847 y expropiado en 1986 está pasando, descontando incendios y catástrofes naturales, por uno de los momentos más tristes de su historia. Parecida situación se aprecia observando los déficits del Teatro Real. Son la punta del iceberg de la catastrófica gestión de la cultura de los políticos y la demostración de la urgente necesidad de una reforma integral del sistema cultural español.

Llenar o vaciar teatros, that is the question, Manifiesto

P.R. Barreno. 19 de diciembre de 2012.

En algunos países, tal vez los más avanzados culturalmente, la suite y el Valse de las Flores de “El Cascanueces” se han convertido en aires naturales de las fiestas navideñas. Hace unos meses, leí en BALLET CO que según sus cálculos, durante el periodo comprendido entre diciembre de 2012 y enero de 2013, se representarían más de cien mil funciones de “El Cascanueces” en todo el mundo. De Pekín a Nueva York y de Wellington a Anchorage “El Cascanueces” es la obra de ballet que más público atraé en todo el mundo. La misma noticia confirmaba que si los derechos de autor de Tchaikowsky se mantuvieran, sus herederos serían multimillonarios gracias a que “El Cascanueces” es la obra musical más interpretada, retrasmitida y grabada en todo el mundo.

Sé que esta evidencia significa poco o nada para buena parte de lo que, por conveniencia retorica más que por realidad fabril, llamamos sector profesional de la danza en España. Para una buena parte de dicho sector, las lecciones que se desprenden de los datos sobre “El Cascanueces”, no tienen interés alguno ya que sus aspiraciones y prácticas artísticas están por encima de las antiguallas del ballet clásico. Ellos son creadores enfrascados en expresar sus excelsas y profundas obras. Por lo tanto, es archisabido que, si el público no las reconoce en su valor, es porque ese público mayoritario no tiene la altura de miras ni la preparación necesaria para comprenderlas.

Este discurso podría aceptarse si quienes lo esgrimen tuvieran la independencia necesaria para sostenerlo, ante todo, independencia económica y artística. Sin embargo, uno de los rasgos de nuestros autores es su total dependencia del poder político para producir y representar sus obras. Otro rasgo chusco y contradictorio del discuso despreciativo hacia el repertorio clásico, es el ardid de engolosinar al espectador con guiños o plena apropiación de los nombres clásicos. La cantidad de Bellas Durmientes, Romeos y Julietas, Cármenes, Giselles, Cascanueces, Lagos y demás, en todo tipo de renombradías, versiones, reconversiones, contravenciones y violaciones, realizadas y realizándose, son incontables. Esta paradoja, por no decir desahogo, explica, en buena medida, la situación de un sector incapaz de acercarse a otro público que no sea el que gira a su alrededor.

La dinámica de la novedad a ultranza derivada de las industrias basadas en los procesos de grabación y reproducción de imágenes y sonido como el cine, discos, casetes, CD, DVD, etc. basadas en una venta masiva de “novedades”, al estilo de los 40 principales, no solo generó una superestructura en torno a los derechos de autor, además, reimpulsó la ideología antropomórfica y neoromántica del mítico creador que, naturalmente, en vez de con ambrosía, se alimenta con los cuartos procedentes de los derechos de autor.

Esta situación que ha funcionado durante todo el siglo XX en las mencionadas industrias, nunca terminó de consolidarse en las artes escénicas en vivo. Incluso el mismísimo Diaghilev, hoy considerado como impulsor de los primeros espectáculos multimedia, gran creyente en la dinámica comercial inspirada por la novedad, la trasgresión y el escándalo, a pesar de su enorme talento e intuición, se arruinó unas cuantas veces, resurgió otras tantas gracias a sus millonarios mecenas, pero murió empobrecido en un vetusto hotel de Venecia. Sin embargo, la fuerza de contacto de las industrias basadas en la venta y distribución de obras audiovisuales grabadas en soportes, por su indudable éxito económico durante todo un siglo y el consiguiente prestigio adquirido, ha contaminado, hasta el paroxismo, la percepción que los artistas autores de obras coreográficas tienen de si mismos y de su función. El éxito y el divismo de unos pocos, obnubila y ciega a muchos.

En este contexto, observo con pesar, cómo los chivos expiatorios sirven para despistar al personal. La cantidad de mantras y disfraces surgidos en la maraña de la crisis, están sirviendo para encubrir errores o, lo que peor, simples fraudes. No todo es ejemplar ni solidario en los últimos manifiestos. Se puede pedir la rebaja del IVA de las entradas, una distribución equitativa de las subvenciones o incluso que los teatros de titularidad pública infrautilizados (en realidad, todos) sean explotados por empresarios privados, pero cada una de estas reivindicaciones tienen su meollo y su beneficiario de carne y hueso.

De hecho, el egoísmo resurge con toscos disfraces. Algunos de los beneficiados del presupuesto durante décadas, ante la posibilidad de perder su trozo de tarta, tienen la cara dura de preguntar: ¿para qué sirve el CDN, la CNTC o la CND? Si, así de descarado y mal redactado. Mientras tanto, pocos son los que se preguntan como atraer público a sus teatros o con sus obras. Cierto es que la imaginación y la determinación para conseguirlo exigen desacerse de los tópicos y prejuicios acumulados durante una época que ¡no volverá!

Hora es de plantearse una reconversión empresarial aglutinante que sea capaz de producir obras de alta calidad, suscitar la utilización de los nuevos recursos de distribución horizontal, el impulso a la cooperación equilibrada de autores e intérpretes en la filosofía del Creative Commons y otras vías similares para abaratar costos de producción y distribución, con el objetivo de fidelizar al público y generar, con ello, más valor y respetabilidad para los artífices de la danza.



A Swan's Life – English National Ballet Video by Laurent Liotardo


Por el humo de las siete chimeneas se sabe dónde está el fuego
Consideraciones sobre los vericuetos de la Ley Sinde

P.R. Barreno. 5 de diciembre de 2011.

Quizá nos falte la perspectiva que concede el tiempo para poder valorar, en sus justos términos, la labor de Ángeles G. Sinde como ministra de un gobierno que pretendió instaurar un nuevo régimen, pero cuyo resultado se parece a una infección de salmonelosis mal curada. Palmaria es la querencia de Sinde por proteger a sus colegas y pasar por el rodillo postergador a quienes no comulgan con las ruedas de molino de su credo. Sus últimos movimientos operativos confirman su resolución atormentada de pasar a la historia como hada madrina posmoderna de la propiedad intelectual, concebida como derecho fundamental con el mismo rango que el derecho a la vida y a la integridad física o la libertad de pensamiento y conciencia.

Semejante desvarío es incomprensible desde cualquier opción social o incluso civilizatoria. Su inclusión dentro del paquete de una peculiar ley de economía voluntarista, es la mejor pista para distinguir remordimientos y, sobre todo, el "cui prodest scelus, is fecit" verbigracia: ver las cabeceras airadas de los grupos multimedia del pasado sábado 3 de diciembre, por ejemplo: La Razón, del grupo Planeta-De Agostini, calificaba de «acto irresponsable» que el gobierno en funciones no aprobara el reglamento de la llamada Ley Sinde.

Por desdicha, la miope codicia que incapacitó a nuestras elites políticas y económicas comprender la dinámica de la ciencia y la economía durante los tres últimos siglos, parece que vuelve por sus viejos fueros a principios del siglo XXI. Si las revoluciones burguesas e industriales nos llegaron mal y tarde, la eclosión científico-técnica generadora de nuevos medios de intercomunicación y producción de bienes tangibles e intangibles parece sobrepasar las seseras de los poderes actuales.

Si aquellos industriales decimonónicos asustados ante el empuje de las industrias europeas optaron, a contra corriente de la dinámica mercantil e industrial de la época, por el proteccionismo, provoca desazón comprobar el gremialismo cortoplacista de la mayoría de los grupos multimedia que operan en España, cuyo poder político-mediático no es necesario describir. Recordemos que estos grupos multimedia son fruto del desarrollo de lo que hoy se llaman tecnologías de la información y la comunicación que arrancan con Gutenberg y discurren por la planografía, el huecograbado, el cine, la radio, la televisión, el microsurco, el casete y el CD. Pero lo que de verdad explica su sustancia es el oligopolio mutante actual, generado por el reparto de la tarta mediática a través de las “concesiones y permisos de explotación” de los gobiernos centrales o autonómicos.

Estos bailongos agarraos con el poder, lejos de potenciar empresas competitivas y capitalizadas, han generado burocracias, corruptelas e ineficiencias. En consecuencia, deudas financieras astronómicas y su control por holdings multinacionales como los italianos Mediaset (Berlusconi), RCS Group y De Agostini, del gigante mejicano Televisa, de las agencias WPP, RCS, y, recientemente, del grupo norteamericano Liberty Acquisitions Holding en PRISA. Que el malo de esta película sea para muchos internautas la SGAE, es un indicador de los intereses espurios que han determinado la estrategia de esta sociedad privada de gestión de los derechos de autor, cuyos escándalos de corrupción son la síntesis de su trayectoria. Con parecida vehemencia en la criminalización indiscriminada de los usuarios de redes P2P se han situado Promusicae y FAP quienes, a pesar de que La Agencia Española de Protección de Datos primero y la Audiencia Nacional después, les prohibió la divulgación de listas negras y denuncias masivas, siguen más empeñados en la persecución que en su adaptación a los nuevos tiempos.

Mucho se ha escrito sobre los cables de la embajada norteamericana y las cifras manipuladas sobre la piratería española en Internet, pero muy poco sobre la deuda de los grupos multimedia que operan en España cuya cifra supera los 10.000 millones de euros. Sin este dato y la constatación de los desastrosos resultados obtenidos con la apuesta futbolera y la degradación paulatina de ingresos por publicidad, sobre todo en la radio cuya cifra de negocio es ya inferior a los ingresos del sector en Internet, la Ley Sinde parecería el guión de una españolada posmoderna.

La formidable y rápida expansión del streaming, el intercambio de ficheros, las redes P2P, la piratería al uso, y las recientes programas de reproducción de imagen y sonido, exigen una agilidad de adaptación que la industrias del ocio y los grupos multimedia no parecen capaces de seguir. El conflicto de intereses y derechos entre usuarios, industria, autores, etc. precisa una armonización que no puede centrarse solo en la represión y menos mediante la inseguridad jurídica impuesta por la Ley Sinde. La modernización de los derechos de propiedad intelectual precisa de un debate abierto y de la intersección de técnicos y científicos. Todo lo contrario a la ley del embudo.


Wishful thinking

P. R. Barreno, 30 de noviembre de 2011

De la ensoñación adolescente se suele salir mediante estacazos de realidad, pero cada vivencia es individual y, por lo tanto, cada cual trata de adaptar su existencia como buenamente puede, afrontándose a la desarmonía vital sintetizada por Ortega con la repetida y muchas veces incomprendida frase: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo». Encarar las circunstancias individuales y colectivas que nos tocan, nos pone con frecuencia en la tesitura de acoquinarnos ante la maldita losa del destino, a la que todavía mucha gente le pone velas de histeria colectiva, o asumir nuestro libre albedrio pagando con ello el tributo de la hostilidad del poder establecido.

Faltos de arúspices fiables, las dificultades actuales nos están exigiendo, ante todo, madurez para entender lo que ocurre, las consecuencias que comportan y algo de coraje para asumirlas. La otra alternativa es situarse al otro lado del espejo para volar al País de Nunca Jamás y practicar el angelismo oportunista con la mano extendida pensando que la pesadilla desaparecerá con el abracadabra del redentor que nos envíe Zeus. Entre tanto, contemplemos que es gerundio.

«La gente va ahora más al teatro que antes» Consigna goebbeliana del departamento que dirige la guionista de “Mentiras y gordas” y que esparcen medios tan objetivos como el Informe Semanal de TVE-1. Por si no fuera bastante constatar lo contrario cada día, las estadísticas de la SGAE confirman los descensos de espectáculos y espectadores desde 2008.

«El Público» Volver a pensar para el respetable, tratar de que las obras sean entendibles. Profundidad no es sinónimo de oscuridad, por el contrario, las grandes obras de arte han perdurado por ser accesibles.

«Comercial» ¿Pero hubo alguna vez 11.000 vírgenes? “El Lago de los Cisnes” es comercial pero pedir una subvención del erario y repartir invitaciones entre familiares y amigos, para que soporten tu obrita infumable es: ¡patético!

«La Taquilla» Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, pero aquellos cachés con las butacas del teatro vacías, ¡esos … no volverán!

«El Mercado» ¡Vadre retro Satana Sunt Mala Quae Libas! Sobre todo si no lo manipulo yo, si no lo manipula mi amigo, si es mercado.

«Subvención» Indicada para dinamizar las Artes Escénicas y facilitar sinergias y aliviar las insuficiencias del mercado. Antes de suministrarse es imprescindible valorar objetivamente cada caso y evitar interacciones provocadas por amiguismos, nepotismos y conflictos de interés. Como ocurre con preparaciones tópicas del erario, la transparencia es la condición sine qua non para ser administrada democráticamente. Informe a todo el mundo si comprueba un mal uso, una infección gangrenosa aguda, nepotismo vomitivo, endogamia venérea y cualquier otra alteración o uso indebido. Se han descrito los siguientes efectos secundarios: lloriqueo, indignación por evidente mamoneo, apoltronamiento y anquilosamiento artístico, estrías y sarpullido ético, ablandamiento moral con el correspondiente endurecimiento facial. Si observa cualquier otra reacción adversa no descrita anteriormente consulte a su siquiatra urgentemente.

«Programadores» Extraña profesión muy afincada en la función pública de los municipios españoles. Dícese de aquella profesión destinada a contratar, de vez en cuando, espectáculos en teatros de titularidad pública al menor caché posible y a pagar ad kalendas graecas. Como al rinoceronte negro, la crisis de la deuda soberana española lo está poniendo en serio peligro de extinción.

«Bailarines» «A cada cual según su capacidad y a cada uno según su trabajo» podría ser un buen principio. En la danza quien representa la obra es el bailarín y es con él con quien el público se identifica. Quienes han suplantado a los bailarines del frontispicio del Arte de danzar deberían mirárselo en el diván y, tras la cura correspondiente, cambiar el néctar y la ambrosía por una de calamares.

«Creadores» Ver el párrafo anterior y sálvese quien pueda.


	  
      ACADT                   
                        ACADT


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